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Es uno de los pueblos más singulares y
pintorescos de la provincia de Almería. El caserío se halla
enclavado sobre un pequeño cerro que parece desplomarse sobre el río
Bolonor y desde el que se divisa el amplio y delicioso Valle del
Almanzora. Con el fin de comprobar lo que se cuenta y
lo que se adivina desde lejos, es imprescindible un lento y
tranquilo paseo. El viajero ha llegado a un lugar donde reina la
calma y la tranquilidad y donde poder visitar los bellos rincones
del pueblo. Un interesante casco histórico proporciona, no sin un
cierto cansancio por la subida, una grata impresión.
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 Ascender y perderse por sus estrechas y
empinadas calles es una sugerente actividad que te hace sentir que
estás en otro sitio, en algún lugar perdido y olvidado por la
memoria...
El blanco intenso de las casas contrasta con sus
engalanados y enzarzados balcones... Un imprevisto estallido de
colores que asombra por su frescura y por lo
inesperado.
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